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¿Verdadero o falso? Aprender algo nuevo empuja algo viejo

Aprender es un proceso complejo. Lo que aprendemos nos deja marcas cognitivas y también emocionales. Por eso, hay cosas que hemos aprendido que nos resultan imborrables y aún hoy revivimos momentos de la infancia en los que tuvimos algún “momento Eureka”, ese instante en el que comprendimos algo, “le encontramos la vuelta” o nos sorprendimos con un resultado.

También por ese profundo vínculo con lo emocional es que recordamos a nuestros maestros y mentores, esas personas que compartieron nuestro camino y -a su modo y con sus métodos- fueron parte sustancial de nuestro proceso de aprendizaje. 

¿Es posible desaprender?

Entonces, si aprender ha significado que hemos adquirido algo que antes no teníamos, ¿resulta posible desaprender? Hemos escuchado muchas veces que tenemos que “desaprender” viejos paradigmas o “desaprender” algo que sabíamos hacer para hacerlo ahora de otra manera.

El proceso de aprendizaje, sin embargo, es irreversible. No podemos desconocer que eso aprendido está allí. No decidimos borrarlo y ya! No es un archivo que se elimina. Hemos incorporado conocimientos, actitudes, procedimientos, comportamientos, datos… La memoria, sabiamente, nos ayuda a jerarquizar y traer al presente eso que necesitamos o que cobra importancia en un momento específico. Quizás en este momento no nos sea de mucha utilidad conocer cuál es la ley de la gravedad para recitarla de memoria, pero no por eso la hemos “desaprendido”. Ni podemos “desaprender” un comportamiento. Sin embargo, podemos decidir qué hacer con eso que sabemos. ¿Lo sostenemos? ¿No lo usamos más? ¿Lo resignificamos? ¿Lo combinamos con nueva información que hemos sumado de nuestro entorno?

Aprender ontológicamente significa hacernos preguntas sobre lo que sabemos y lo que no sabemos, y transitar la brecha no solo adquiriendo información sino, fundamentalmente, viviendo la experiencia de una manera plenamente consciente para registrar de esa forma lo que nos va transformando. El nuevo aprendizaje.

La historia del martillo

En alguna caverna ancestral, un hombre aprendió que golpeando una piedra con otra podía moverla, quebrarla, adaptarla, transformarla en otra cosa. A esa piedra, difícil de manipular con fuerza usando la mano, le anexó un palo. Aprendió que la “piedra mejorada” le permitía dar golpes más precisos y con más potencia. Nació el martillo. Esta herramienta milenaria aún hoy está en nuestras casas, muchas veces en desuso, sólo “por las dudas” haga falta.

En nuestra evolución cultural, social y tecnológica no hemos desaprendido el uso del martillo, aunque contemos hoy con otras herramientas o incluso con materiales que no requieren el “martilleo”. Sí aprendimos a usar nuevos recursos y desarrollamos nuevos criterios para evaluar si el martillo es necesario o no. Pero si quisiéramos volver a usarlo, sabríamos cómo hacerlo.

De eso se trata. No de desaprender sino de aprender cosas nuevas. Y mirar críticamente lo que hemos aprendido hasta ahora.

La metáfora del desaprender

Desaprender, entonces, es una metáfora. Una idea que nos invita a replantearnos qué hacemos con lo que hemos aprendido, cómo gestionamos eso que ya tenemos, cuánto nos sirve o no seguir viviendo con esas “herramientas” (sean tangibles o de gestión emocional).

El aprendizaje ontológico nos invita a salir de la transparencia y de la mera metáfora de desaprender o “soltar” para meternos en el compromiso del aprendizaje permanente. No desaprendemos. Simplemente, siempre estamos aprendiendo, así como siempre evolucionamos. Aprender más -incluso sobre nosotros mismos para saber qué no sabemos- nos abre posibilidades.

También podemos re-aprender. Volver a aprender a hacer algo que hoy requiere de otras destrezas y competencias. Por ejemplo, todos estamos re aprendiendo a comunicarnos. Sabemos hacerlo desde tiempos inmemoriales, pero ahora re aprendemos cómo hacerlo con la mediación tecnológica. ¿Escribimos como siempre o quizás probamos otra manera al enviar un mensaje de texto? Sabemos escribir, pero re aprendemos a hacerlo en este contexto particular. 

Aprender lo nuevo, dejar atrás aprendizajes que están en nuestras raíces, genera crisis. Aprender nos pone en crisis. Porque nos enfrenta a lo desconocido y al cambio. 

Aprender en un mundo ambiguo

En este mundo ambiguo, plagado de contradicciones, donde lo único permanente es el cambio, aprender desde el paradigma ontológico implica una fuerte apuesta al desarrollo personal.

Podemos hacer este ejercicio. Piensa:

¿Cómo será eso que no sé?

  • Un nuevo hábito que nunca tuve: ¿cómo será vivir así? ¿ Podré hacerlo? ¿Qué pasa si no lo logro? ¿Qué pasa si lo logro?
  • Una nueva forma de trabajar: ¿Qué se pone en riesgo si cambio? ¿Queda en evidencia lo que no sé? ¿Cómo me siento si otro sabe más que yo?
  • Un nuevo paradigma social: ¿qué pasa si no lo entiendo? ¿y si no lo comparto? ¿qué implicancias tiene vivir de acuerdo a eso nuevo? ¿y quedarme afuera?

Los entornos VICA (volátiles, inciertos, complejos y ambiguos) valoran el aprendizaje permanente que se define por

  • la capacidad de adaptar el conocimiento que tenemos a nuevos entornos y situaciones
  • la capacidad de adquirir nuevos conocimientos de manera ágil y permanente
  • la capacidad de cuestionarnos las ideas “viejas” para hacer lugar nuevas posibilidades
  • la capacidad de gestionar las emociones derivadas de la incertidumbre ante lo que no sé y debo aprender

Te propongo que aprendas algo más sobre tí mismo y elabores una escala de aprendizaje personal”. ¿Cuántos puntos tienes en tu escala en cada una de las capacidades anteriores?

¿Qué te indica esa escala?¿ Estás por debajo de lo que deseas fijarte como standard para tu vida? ¿Estás en un nivel con el que estás satisfecho? ¿Qué puedes hacer para crecer en cada una de esas capacidades para aprender más y mejor?

Los comentarios de esta nota están abiertos para que nos cuentes cómo te resuenan estas preguntas y cuáles están siendo tus aprendizajes.

Por Alejandra Schiavoni

Lic. en Comunicación-Coach Ontológica

Mentora de mujeres emprendedoras

Coach Ejecutiva

Maxi Gabot

Agrega tú comentario

  • Muy buenas tardes.
    Me parece muy interesante este tema. Pienso que en verdad desaprender, es imposible como nuestra apreciada Coach Alejandra lo expone, creo que en las vivencias transitadas, errados o acertando, esto deja recuerdos que li que se trata es de que a medida que vamos cambiando nuestros esquemas, vamos reemplazando lo que ya no me es tan útil, por cosas nuevas que me generan mejores resultados; lo de desaprender también llega un momento en que vemos que l o aprendido quizás quedó a medias y entonces se replantea qué hay qué mejorarlo, talvez quitarle, agregarle adecuado acorde Ed a los requerimientos.
    Muchas gracias . Excelente aporte

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