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¿Procrastinación? ¿Existe esa palabra?

¿Quieres saber qué es la procrastinación y cómo puede estar afectando tu vida?

En este artículo encontrarás no solo su significado y algunas de sus causas, sino que te compartiré una estrategia de 4 pasos muy sencillos para darle la batalla.

Procrastinación: ¿Alguna vez te has sentado ante el ordenador para completar una tarea importante y te has encontrado minutos más tarde revisando correos, entrando a las redes sociales o simplemente corriendo el antivirus?

¿O tal vez, en el momento justo que te dispones a retomar la tarea recuerdas que debes alimentar al gato, lavar la ropa, o salir a comprar ese ingrediente clave que requiere la receta que pensaste para el almuerzo?

Si algo de esto te resulta familiar es porque has procrastinado alguna vez.

procrastinación

Procrastinar no es más que esa tendencia a postergar de manera reiterada algo que debemos ejecutar, generalmente porque es desagradable, estresante o aburrido sustituyéndolo por otras acciones irrelevantes o más gratificantes.

Todos los seres humanos lo hacemos de vez en cuando.

El problema empieza cuando la procrastinación se vuelve una práctica reiterada que afecta alguno o varios ámbitos de tu vida y sobre todo te aleja del logro de tus objetivos.

Por mi parte me declaro una procrastinadora en rehabilitación.

Y espero que lo que aquí comparto te permita superar este obstáculo, generar nuevos hábitos y con el tiempo erradicarlo para siempre de tu vida.

¿Por qué procrastino si sé que me impide avanzar hacia mis objetivos?

Esa es una pregunta que me hice muchas veces al mirar las consecuencias de la procrastinación en mi vida.

Siendo una persona bastante autorregulada y disciplinada no entendía porque había ciertas cosas en las que me era difícil avanzar al ritmo esperado y estaba siempre distraída en apagar incendios.

Mi mirada estaba puesta en resolver las urgencias.

Eso es lo que muchos hacemos en nuestro día a día, resolver la lista de pendientes, cumplir, entregar aquello que tiene una fecha límite más próxima, postergando y postergando las cosas importantes hasta que se vuelven urgentes, incendios que apagar como yo les digo.

Por otro lado están esos súper importantes a los que no les hemos asignado una fecha límite y que pensamos hacer cuando la urgencia pase.

Esos sueños y proyectos que llevamos en nuestra mente y hasta en el corazón, pero que jamás ponemos en acción.

Los postergamos para mañana, para pasado, para cuando termine este trabajo, cuando salga de vacaciones, así pasan los años y no llegamos a realizarlos.

En medio de esta angustia existencial y segura de no ser la única que la vivía, me puse a la tarea de investigar sobre el asunto.

No puedo decir que la búsqueda resultó infructuosa, se han hecho un sinnúmero de investigaciones psicológicas acerca de este fenómeno que afecta a muchos de nosotros.

Y las razones propuestas por los investigadores, al igual que el número de estudios son variadas.

Sin embargo, hay algo que tienen en común, la procrastinación no se trata de malas prácticas en torno a la productividad, se trata de emociones.

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Así tenemos a la psicología conductual que propone la existencia de un fenómeno llamado time inconsistency” que en pocas palabras se refiere a la tendencia que tiene el cerebro humano a valorar más las  recompensas inmediatas que las futuras.

Imagina que dentro de ti existen dos personas. El tú del presente y tú del futuro.

Cuando te fijas metas a largo plazo como puede ser escribir un libro o estudiar una carrera, tu cerebro lo imagina y se enfoca en el resultado predisponiéndose a la acción, porque tu yo futuro está activado y aprecia lo que imagina será tu vida en ese momento.

Sin embargo, mientras tu yo del futuro es capaz de fijar las metas, es tu yo del presente quién tiene que tomar acción.

Entonces, cuando llega el momento de tomar decisiones, planificar, priorizar y organizar las tareas, quien toma el mando es tu yo del presente.

Y empieza el conflicto, porque quien tiene que ejecutar el plan maestro, tu yo del presente, está extremadamente apegado a la gratificación inmediata y no a las recompensas a largo plazo.

¿Hasta aquí cómo vamos?

Más allá de esta disyuntiva natural del ser humano, también están nuestras experiencias de vida, nuestra historia y entorno para moldearnos.

Es aquí donde surge uno de esos elementos duales de nuestra vida, el miedo, ese que nos catapulta a la cima o nos paraliza.

Ese miedo que hace millones de años nos salvó la vida hoy puede ser el mejor aliado de la procrastinación.

¿Quieres escribir y publicar un libro? ¿Lanzar tu marca personal? ¿Hacer algo desde hace mucho y aún no has encontrado el tiempo para hacerlo?

A lo mejor me dirás:

“¡Es verdad! No tengo tiempo, no puedo dejar mi trabajo, tengo muchos incendios que apagar y muchas personas dependen de mí. Esto nada tiene que ver con el miedo.”

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¿Apostamos?

Te invito a que sigamos con el ejemplo de escribir un libro.

Has soñado con escribirlo desde que tienes uso de razón, unas líneas por acá y por allá, archivos secretos para que nadie pueda ver.

Te decides a mostrarle a alguien de tu entera confianza algo pequeño que escribiste (es un comienzo) y esta persona te dice que tienes talento.

En tu mente despiertan las inseguridades y las creencias que alguna vez alimentaste.

“Seguro me lo dice porque me quiere, no soy tan buena, cualquiera podría hacerlo.” Sonríes, asientes y guardas nuevamente tus sueños en el ordenador o en un cajón.

Otra vez tomas fuerza, buscando en el internet encuentras un curso de escritura narrativa que te parece muy completo y además está de oferta ¡Es genial! Lo tomas y empiezas a estudiar ávidamente.

En la corrección de tu primer relato el maestro te dice que tienes que tomar en cuenta algunas reglas gramaticales, ortográficas y de estilo.

En lugar de tomarlo como lo que es, un proceso de aprendizaje te sientes devastada por los comentarios y empieza la auto flagelación.

“Esto es mucho para mí, no voy a poder, es muy difícil, yo tenía razón soy un desastre como escritora.”

Haciendo acopio de valor terminas el curso porque al final ya lo pagaste y no quieres perder el dinero invertido.

Otra vez guardas tus escritos para otro momento y vuelves a tu vida cotidiana como si nada hubiera pasado. De hecho, no le cuentas a nadie que hiciste el curso.

Y así ad infinitum, otro curso, otra especialización, tres manuscritos de novela y dos libros de cuentos guardados en carpetas con clave en tu computador.

Pasan los años y ese libro nunca se publicó. ¿Te parece que fue el tiempo lo que te detuvo?

¿O tal vez fue ese enemigo silencioso: el miedo lo que te detuvo?

El miedo a mostrarte, el miedo a lo que piensen los demás en especial los que te aman y tienen ciertas “expectativas” de lo que deberías ser y hacer, el miedo al éxito, el miedo al fracaso, el miedo a darte cuenta de que tenías razón y no eres lo suficientemente buena.

¿No será el miedo quien se disfrazó de falta de tiempo, de urgencias, de trabajo duro o cualquier otra razón valedera?

Me tomarían horas y hasta días contarte sobre todas las investigaciones realizadas sobre las razones que tenemos para procrastinar, pero siento que estas que te propongo serán suficientes para que quieras emprender el camino a la rehabilitación.

¿Me acompañas?

La estrategia de 4 pasos para deshacerte de la procrastinación.

PASO UNO. Identifica las tareas que estás postergando.

Crea una lista de todas las tareas que has estado postergando, dividiéndola entre: tareas aburridas/desagradables y estresantes/desafiantes sin importar si son del mes pasado o de hace 10 años.

Por ejemplo:

  • Aburridas/Desagradables. (cualquier actividad cotidiana que para ti resulte dentro de la categoría y que solo cause una pequeña molestia)
    • Lavar los platos de toda la semana.
    • Depurar mis imágenes del celular para liberar la memoria.
    • Lavar la ropa.
  • Estresantes/Desafiantes. (cualquier actividad que has estado postergando porque te causa incomodidad emocional, un nudo en la garganta o en el estómago entre otros síntomas…)
    • Llamar a mi madre para aclarar las cosas porque no nos hablamos desde hace una semana.
    • Comprometerme a un nuevo régimen de nutrición y ejercicios que implica dejar muchas cosas que me gustan.
    • Empezar a escribir ese libro que quiero publicar.

No importa la extensión de tu lista, escribe todo lo que identificas que has postergado y te crea cualquier nivel de incomodidad emocional.

PASO DOS. Prioriza.

Organiza las dos listas por separado, colocando cada actividad en orden de prioridad de tal manera que la más estresante o molesta quede al principio de cada lista.

Prioriza tomando en cuenta el nivel de molestia o angustia que cada una de ellas te causa.

¿Qué sientes en tu cuerpo cuando piensas en hacerla?

¿Qué ideas vienen a tu mente?

Sin duda alguna te conoces lo suficiente como para detectar esas tareas de inmediato. Has el proceso con cada una y organízalas. 

PASO 3. Pasa a la acción.

Hasta aquí supongo que todo va muy bien.

Los procrastinadores más expertos somos hábiles para hacer listas y planificar. Al fin y al cabo lo hacemos todo el tiempo.

Pero ¿pasar a la acción?

Calma por favor. No será tan grave, empezaremos dando pasos muy pequeñitos.

Vuelve a tus listas.

¿Cuáles son las dos actividades que quedaron en primer lugar de cada categoría?

Una vez que las hayas identificado toma esas dos actividades iniciales y divídelas en pequeños pedazos.

Por ejemplo:

  • Estresantes/Desafiantes:Llamar a mi madre para aclarar las cosas porque no nos hablamos desde hace una semana.
    • Repasar con cabeza fría lo ocurrido en mi mente sin juicios de valor para determinar las causas del incidente.
    • Escribir en mi libreta para desahogarme y sacar todo lo que siento al respecto.
    • Más tranquila escribir los puntos que no quiero olvidar para disponerme a la llamada.
    • … 

Incluye cada micro tarea en tu agenda y asígnale una hora y fecha para su ejecución.Dedícale al menos 15 minutos al día.

PASO 4. Recuerda recompensarte.

¿Recuerdas a nuestro yo del presente ávido de gratificación inmediata?

Aquí lo neutralizamos.

Simplemente date una recompensa cada vez que concluyas con una pequeña tarea.

La primera recompensa implícita, te lo aseguro, sentir el alivio de haber superado la prueba.

Y la siguiente la eliges tú, regálate algo que te guste, haz una actividad placentera, come algo que te encante (siempre y cuando la tarea que te asignaste no tenga que ver con dejar de comer aquello), seguro tú sabrás cómo recompensarte.

Gracias por leerme.

Estoy segura de que esta estrategia va a facilitarte las cosas.

Si quieres indagar más a fondo sobre esos miedos inconscientes te invito a leer el artículo sobre el Síndrome del Impostor que tiene mucho que ver con la procrastinación.

Comenta tu experiencia, me encantará leerte.

Autora:
Cristina Navarrete Landázuri (Cris del viento)
Coach ontológico y Escritora 
Redactora en Axon Training.

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