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El lenguaje de la inteligencia emocional

En este artículo descubrirás la importancia del lenguaje en la inteligencia emocional y encontrarás 5 frases que te apoyarán en el camino de cultivarla.

Si te encuentras navegando por el mundo del crecimiento personal, el autocuidado, el acompañamiento y la salud mental, sin duda alguna te habrás tropezado más de una vez con el concepto de inteligencia emocional.

Y de seguro, ya te diste cuenta de que cultivar la inteligencia emocional es un trabajo de tiempo completo. 

No siempre es sencillo ponerla en práctica y muchas veces nos encontramos sobre-analizando cada paso que damos, lo que puede convertirse en una causa más para alimentar nuestras angustias. 

Analizar nuestras emociones, cuidar de ellas y procurar estar en sintonía con los demás, no suele ser tarea fácil para todas las personas, incluyéndome.

Así que, me parece genial que además de las herramientas que requieren de trabajo duro, contemos con una herramienta que está a la mano y que puede darnos un gran impulso a la hora de ir interiorizando nuevas conductas, más inteligentes emocionalmente. 

El lenguaje es una de estas herramientas poderosísimas en lo que respecta a desarrollar este tipo de inteligencia. La naturaleza transformadora de las palabras puede ir influyendo, poco a poco, en nuestros hábitos y cambiando la manera en que nos comunicamos con nosotros y con los demás.

Si tenemos a la mano uno que otro mantra o frase que sabemos que hará que las conversaciones que mantenemos se vuelvan más fluidas y armoniosas, ¿por qué no utilizarlas?

Te invito a aprovechar estas expresiones, que al principio podrían parecerte aprendidas, pero con el tiempo se volverán fluidas y parte de la naturaleza de tu discurso e identidad.

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Personas con alta inteligencia emocional utilizando un lenguaje consciente

Entonces, ¿Cómo puedo incorporar la inteligencia emocional a mi lenguaje?

Para que sea mucho más fácil de apreciar, voy a mostrarte 5 expresiones sencillas y específicas que utilizan las personas con alta inteligencia emocional. Y, con constancia y atención plena, a la hora de hablar, puedes incorporar habitualmente en tu conversación:

Expresión 1: ¡Qué bueno verte!

Una frase muy utilizada como una convención social, más que como una pregunta genuina, es: “¿Cómo estás?”

Cuando nos encontramos con alguien, es común que preguntemos o que nos hagan esta pregunta.

Sin embargo, la persona que pregunta, por lo general, no está esperando una respuesta honesta a esta cuestión. Simplemente, espera una respuesta igualmente convencional como: “Bien, gracias, ¿y tú?” 

Lamentablemente, esta primera aproximación, aunque puede ser conveniente en muchas ocasiones, es casi como un contrato tácito entre los hablantes para no decir la verdad.

Por otro lado, puede suceder que al hacer esta pregunta nos encontremos con una persona que genuinamente quiere ser escuchada, y que nos dé una respuesta sincera, que contrario a “cumplir con nuestras expectativas”, nos deje sin palabras.

Lo que, sin duda alguna, hará sentir a la otra persona que no está siendo realmente escuchada. 

Por eso, es preferible que pensando, tanto en nuestro bienestar como en el de la otra persona, elijamos para saludar frases positivas y no preguntas incómodas (de las que generalmente no esperamos una respuesta extendida). 

“¡Qué bueno verte!”, “gracias por venir”, “espero que hayas tenido un buen fin de semana”, “espero que estés bien”, o simplemente, “¡Hola! Buenos días”, está perfecto y abre las puertas a una comunicación más auténtica. 

Por otra parte, si estás del otro lado de la pregunta y te das cuenta de que la otra persona no espera tu respuesta extendida o, simplemente, no quieres contestar, solo di: “gracias por preguntar” y continúa con la conversación.

Claro está, que preguntarle a otro: “¿Cómo estás?”, cuando efectivamente queremos saberlo y escuchar, es una gran pregunta.

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Lenguaje 2: Me disculpo…

Aunque parezca solamente un asunto de semántica, cuando queremos ofrecer una disculpa no es en ningún caso lo mismo decir: “lo siento”, “perdóname”, “discúlpame”, que: “Me disculpo por…”

Cuando yo me disculpo por una situación en particular, estoy hablando desde la responsabilidad. Esta expresión transmite la disposición que tengo de tomar acción alrededor de lo sucedido.

Las palabras perdóname o discúlpame ponen la responsabilidad en la otra persona. Le damos a ella el poder y el trabajo de disculparnos. 

Por otro lado, está “lo siento”, que a pesar de ser una declaración que habla de nuestros sentimientos y del estado de nuestro ser, no habla de una acción hacia la reparación. 

Adicionalmente, es muy probable que según el tono de voz, la gestualidad y el contexto, estas expresiones puedan ser malinterpretadas, y entendidas como sarcasmo. 

Seguramente has escuchado o leído, en una acalorada discusión: “perdóname si te ofende, pero eso es lo que pienso”, “lo siento si no entendiste el chiste”, “discúlpame, si no cumplí con tus expectativas” y así muchas otras cosas que en lugar de ser una disculpa, se parecen a un “me importa muy poco lo que pienses o sientas”.

Siempre es importante el tono y la intención con la que decimos las cosas.

Expresión 3: Por favor (gracias y con todo gusto)

“Lo cortés no quita lo valiente” dice un dicho de mi país. A lo mejor también lo has escuchado en el tuyo.

Pues, no hay mayor verdad que esta, cuando se trata de comunicarnos. 

Decir por favor y gracias no es solamente una convención social ni le quita fuerza a nuestro discurso, al contrario, estas palabras nos conectan con la emoción de la gratitud y el reconocimiento del valor del otro.

Solo pronunciarlas puede hacer mucho por nuestro estado de ánimo y por el de la persona que las escucha (si son dichas de corazón).

Encuentra oportunidades para agradecer, nunca está de más cerrar una conversación con: “gracias por escucharme”, “gracias por compartir tu tiempo para hablar”, “gracias por respetar mi punto de vista”, y muchas frases más que de seguro ya están en tu cabeza.

Ahora, cuando nos dan las gracias, existen muchas convenciones según las diferentes costumbres. Es probable que hayas oído el clásico: “de nada”, “no hay problema” o “no te preocupes”.

Deja de minimizar aquello que para la otra persona es digno de gratitud, una frase que es muy cálida y puede darle a entender al otro que lo has hecho de corazón es: “con todo gusto”.

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Personas utilizando la palabra por favor

Lenguaje 4: No, gracias (y gracias por comprender)

Establecer límites claros y saludables con otros es indispensable para una convivencia armoniosa.

Aprender a decir no, y utilizar un lenguaje asertivo, no quiere decir convertirse en una persona violenta e intratable. Al contrario, decir no, con firmeza y gentileza puede fortalecer las relaciones y evitar posteriores conflictos.  

Es importante que digas que no, cuando alguien te ofrezca o pida algo que realmente no quieres, ya sea una oportunidad de trabajo, una invitación a salir, una comida que te hace daño, un folleto en la calle o lo que fuera. 

Un simple “no, gracias” o un “gracias por comprender” después de una breve explicación de tu negativa (si el asunto lo amerita), será una clara señal de respeto para contigo y con los demás.

Expresión 5: ¿Por qué? (y, ¿para qué?)

“¿Por qué?” y “¿Para qué?” son preguntas mágicas que pueden abrir las puertas a muchas oportunidades y tomas de conciencia.

Por ese motivo, así como cuidamos el lenguaje para relacionarnos con el otro, es vital contar con un lenguaje generativo para con nosotros.

Practica preguntarte el por qué y para qué de todo lo que haces. No vayas en piloto automático, incorpora la práctica de hacerte preguntas, cuestionar tus motivos y encontrar nuevas miradas a cada momento. 

Apóyate en el lenguaje para crecer, desarrollarte y acogerte compasivamente. 

Simplemente, juega a preguntar:

“¿Por qué estoy trabajando tan duro en este proyecto?”

“¿Para qué me quedo en esta relación que no me satisface?”

“¿Por qué me apresuro a decir que sí, cuando quiero decir que no?”

“¿Para qué quiero estudiar esta carrera?”

“¿Por qué permito que el lenguaje agresivo del otro me contagie y me enredo en su juego?”

Practica a hacerte el mismo cuestionamiento anteponiendo “por qué” y “para qué”. Compara las respuestas, analiza, reflexiona, lo más probable es que surjan hallazgos que te ayuden a avanzar en la vida y tomar mejores decisiones.

Además, es muy posible que encuentres aquello que te activa positivamente y aquello que quieres evitar en tu vida.

Listo, llegamos al final.

Espero que hayas tomado nota de este breve glosario para incluirlo en tus conversaciones cotidianas. 

Soy consciente de que existen más palabras y frases que pueden ayudar, pues hablar del lenguaje nos llevaría mucho más que una sola nota. Sin embargo, estoy segura de que estas sencillas claves te apoyarán radicalmente a cultivar tu inteligencia emocional.

¿Cuál es la primera frase que incluirás con inteligencia emocional en tu lenguaje?

Comparte con la comunidad en los comentarios.

Siempre es un placer leerte.

Autora:

Cristina Navarrete Landázuri (Cris Del Viento)

Coach ontológico y escritora.

Fundadora de El Refugio del Artista.

Redactora en Axon Training.

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1 comentario

  • Hola buenos días.
    Comenzaré a preguntarme por qué? Y para que? Pienso que me guiará a mi aprendizaje y dará respuesta a compromisos que he tomado, muy enriquecedor en toma de decisiones de mi trabajo y proyectos a futuro. Obviamente la declaración no, siempre la trabajo y las gratitud, gracias siempre las tengo presentes y las manifiesto. Mi compromiso es respetar y abrirme al aprendizaje, y a trabajar en lo que haga falta. Un saludo cordial y muy orgulloso de esta formación.

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