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El poder de las palabras

¿Sabías que las palabras que utilizas tienen poder y una gran influencia en los resultados que obtienes en tu vida?

Aquí te comparto una breve reflexión sobre el poder de las palabras, junto a una sencilla y efectiva estrategia para transformar tu manera de comunicarte contigo y con el mundo.

NO pienses en un elefante rosado. Por favor, NO pienses en un elefante rosado. Esfuérzate un poco más, evita a toda costa pensar en un elefante rosado.

¿Funcionó? ¿En qué pensaste? ¿Pudiste evitar la imagen o al menos la sensación de ver ese elefante rosado?

A lo mejor ya has oído hablar en otras ocasiones de este famosísimo elefante rosado, y sin importar que pueda resultar un cliché del mundo del coaching, de la PNL o de otras disciplinas relacionadas, nunca está demás como metáfora de los poderes generativos del lenguaje.

Como te habrás dado cuenta, este breve ejercicio demuestra de manera empírica que la palabra, ya sea oral o escrita, tiene un gran poder generativo, sin importar las contradicciones de nuestro idioma.

Cuando hablamos de lo que no queremos, le damos aún más fuerza que la que le daríamos si tan solo ignoramos la idea.

Por esa razón, como ya habrás escuchado más de una vez: “el lenguaje no es inocente”.

El poder de las palabras crea mundos y genera realidades sin importar que estas sean alegres o tristes, habilitantes o limitantes, soleadas o lluviosas.

Simple y llanamente, el lenguaje siempre es generativo, y por lo tanto, debemos ser conscientes de cómo lo utilizamos en nuestro día a día, para crear mejores realidades que aquellas que hemos creado desde nuestro actuar en automático.

No sé si a ti te pasa… Suele suceder muy a menudo que tenemos bastante claro aquello que no queremos, y desde ahí nos comunicamos y accionamos.

Hablamos todo el tiempo de lo que no queremos, de lo que no podemos y de lo que no logramos, y así poco a poco nuestro lenguaje se va llenando de palabras como: imposible, no puedo, fracaso, culpa, carga, pero, todo, nada, siempre, nunca… entre muchas otras, que en momentos de frustración o desafío, se vuelven cotidianas.

Es por ese motivo que hoy quiero invitarte a hacer un compromiso personal, de empezar a notar la forma en la que te expresas e ir transformando tu lenguaje cotidiano en uno más liviano y atractivo, que te traiga emociones y pensamientos de posibilidad.

Para ello te propongo un sencillo ejercicio de tres (3) pasos:

PRIMERO. Escribe tus imposibilidades.

Estoy segura de que este paso será el más fácil de todos.

Toma una hoja de papel, colócala en sentido horizontal (para que escribas a tus anchas), y divídelo en dos columnas con un lápiz o pluma.

Haz una lista (en la primera columna) de al menos cincuenta (50) cosas que No quieres, que piensas que NO puedes, o que de alguna manera sientes que son imposibles para ti.

Escríbelo todo al detalle, sin cuidar el lenguaje, tal como quieras expresarlo.

“No quiero más violencia en el mundo.” “Odio la violencia.” “Quisiera escribir un libro, pero eso de escribir no es para mí.” “La felicidad no es para mí.” “Soy incapaz de mantener mi rutina de ejercicios.” “Para mí es imposible levantarme temprano.” “Todo me sale mal”

Recuerda. Como ya lo hemos hablado, ninguna idea es descabellada. Si lo pensaste y NO lo quieres (o tienes) en tu vida, vale colocarlo en esta lista tal y como quieras proponerlo.

SEGUNDO. Transforma tus imposibilidades.

Toma tu lista de imposibilidades.

En la columna vacía, (que seguramente será la derecha si te encuentras en occidente), vas a replantear tus postulados de tal manera que te muestren lo que sí quieres o lo que te abres a la posibilidad de lograr.

A qué me refiero… Por ejemplo:

¿Qué tal si en lugar de darle fuerza en tu discurso a la lucha contra la violencia, empiezas a darle fuerza a la paz, la inclusión, la armonía o el respeto?

Así, en lugar de decir (o pensar): “no quiero más violencia en el mundo.”
Podrías darle oportunidad a expresiones como: “quiero paz, respeto y armonía en el mundo.”

Y tal vez, podrías reemplazar la triste frase de: “quisiera escribir un libro, pero eso de escribir no es para mí.”

Con: “voy a enfocarme en mejorar mis habilidades de escritura, porque quiero escribir un libro.”

O, ya en el cotidiano, con aquellas cositas con las que más de [email protected] tenemos nuestros desafíos, podrías decirte algo más alentador que: “para mí es imposible levantarme temprano.”

Como podría ser simplemente, y como un primer paso: “aunque aún me cuesta levantarme temprano, llegará el día en que sea fácil y automático.”

Nota importante. Este paso no se trata de que inventes futuros idílicos, ni de que te mientas descaradamente. Se trata de que conviertas esos imposibles y NO rotundos en una posibilidad que te permita mirar las cosas de otra manera e ir creando nuevos y más constructivos estados de ánimo.    

TERCER PASO. Lleva la práctica al día a día.

Este paso suele ser el más desafiante, porque ahora tendrás que salir al mundo con un nuevo discurso, a crear nuevas conversaciones contigo, con los otros y con la realidad que te rodea.   

Por eso, antes de salir al mundo, revisa tus respuestas y analízalas.

Date cuenta de todo aquello que te has estado diciendo y que posiblemente ha estado generando mundos apocalípticos, no solo en tu mente, sino muchas veces en la realidad tangible.

Una vez que tengas esas claridades… El reto es: estar siempre presente.

Cuando llegue un pensamiento a tu mente, y notes que te bajonea (te incomoda, te desmoraliza, te hace sentir mal), procura encontrar nuevas palabras que digan lo mismo, con una emoción diferente. Entonces, y solo entonces, deja que se quede en tu mente y que salga de tu boca.

Y por favor, si dijiste algo sin pensar, y salió de una manera que consideres negativa y desmoralizante, pues ni modo, a seguir practicando, nada de atormentarse.

De lo que se trata este ejercicio es de que te vayas haciendo consciente de la energía que traen consigo las palabras y sus significados y construyas una nueva realidad desde el lenguaje que utilizas.

Si conviertes esta práctica en un nuevo motivo para flagelarte, habrá perdido su sentido. Sé siempre e incondicionalmente compasivo contigo mismo.

Estoy segura de que esta breve estrategia te será de utilidad a la hora de ir transformando mundos mentales, emocionales y también materiales.

El único secreto para que funcione es que la pongas en práctica. ¡Llévalo a la acción! Y cuéntame tu experiencia. Estoy segura de que a más de uno le encantará leerte. (Yo me incluyo). Gracias siempre.

Autora:
Cristina Navarrete Landázuri (Cris Del Viento)
Coach ontológico y escritora.
Redactora en Axon Training.

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