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Tomo una mala decisión ¿Cómo la afronto?

En este artículo encontrarás una estrategia de 7 pasos para afrontar saludablemente las consecuencias de haber tomado una mala decisión.

Aunque en ocasiones anteriores ya te he hablado sobre las principales razones por las que te cuesta tomar decisiones y además he compartido herramientas para decidir mejor, hoy quiero proponerte que nos adentremos en un tema un poquito más escabroso.

¿Qué hacer cuando ya hemos tomado “malas decisiones”?

¿Cómo afrontar las cosas cuando el daño ya está hecho?

¡Y ahora que hice! Piensas mientras te da un vuelco en el estómago.

¿Cómo pude hacer algo tan absurdo? ¿En qué estaba pensando?

La realidad es que no hay nadie en el mundo que pueda afirmar con certeza que jamás ha tomado una mala decisión.

Tomamos un sinfín de decisiones a lo largo de nuestra vida, y muchas de ellas sin contar con las condiciones adecuadas, así que es más que obvio que, algunas veces, tomemos malas decisiones.  

Con suerte, esas decisiones tendrán poca repercusión en el destino de nuestras vidas. Sin embargo, habrá ocasiones en que tomemos algunas que tengan profundas y graves consecuencias.

Tal vez dejaste un antiguo trabajo por uno nuevo, para darte cuenta, en un par de días, de que no era para nada la mejor decisión.

Quizá terminaste una relación de muchos años en medio de una acalorada pelea, pero cuando se enfriaron los ánimos viste todo más claro, y recién ahí comprendiste que las cosas podían arreglarse.

O quien sabe, hiciste una compra que creías necesaria en medio de la emoción del momento, y luego te diste cuenta de que no sabías cómo ibas a pagar las cuotas de tu tarjeta.  

Puede ocurrir, reconozcámoslo, somos falibles.  

Además, considera que a lo mejor la información que necesitabas no estaba disponible en el momento en que tomaste la decisión.  O bien, recibiste datos erróneos, ya sea intencionalmente o no. 

A lo mejor, decidiste precipitadamente, sin pensar mucho en las consecuencias, dejándote llevar por la adrenalina del momento. 

Sea cual fuere el caso, definitivamente, el resultado puede ser una situación desagradable y estresante. Y sin importar cuáles fueron los antecedentes, si fuiste tú quien hizo la elección final, entonces las consecuencias y la responsabilidad de lo sucedido recaen sobre ti. 

Sí, entiendo, no suena muy alentador, sin embargo, confía y no entres en pánico, simplemente afróntalo con valentía.

Pies de una persona, señalando hacia que rumbo ir, haciendo ilusión a qué decisión tomar.

Y ¿Cómo afrontar esa mala decisión, sin morir en el intento?

Para ello te propongo una estrategia de 7 pasos para atravesar este bache sin hundirte en la desesperación y la culpa.

PRIMERO. Acepta tus emociones.

Todas nuestras emociones cumplen una función.

Por eso, permitirnos habitarlas nos ayudará a entender en qué medida nos está afectando lo sucedido, y también nos da la oportunidad de desarrollar estrategias internas para afrontarlas y gestionarlas, fortaleciendo nuestra capacidad de resiliencia.

Así que, no las rechaces, sea lo que sea que venga, deja de pretender que no sucedió o que no te importa.

Acepta la responsabilidad, porque aceptarla en lugar de evitarla, te devuelve el poder personal de actuar en función de lo que sí está en tus manos de aquí en adelante.

Utiliza como herramienta la escritura libre para el desahogo, y también para hablar sobre tus sentimientos.

Reflexiona:

¿Qué estoy sintiendo en este momento?

Sé que no puedo cambiar el pasado, pero, ¿qué podría hacer para mejorar el futuro?

SEGUNDO. Enfócate en los hechos puros y duros.

Para poner las cosas en perspectiva, indaga:

  • ¿Qué decisión tomaste?
  • ¿Cuáles son las consecuencias tangibles de esas acciones?
  • ¿Qué está ocurriendo actualmente? 
  • ¿Cómo puedes accionar productivamente hacia tu meta, dada la situación en la que te encuentras?

Si quieres lograr mayor objetividad, escribe lo sucedido, lee lo que escribiste para darle perspectiva, si aun así no logras ver claro, habla con alguien de confianza que consideres te brindará una mirada imparcial.

Hombre sentado en su oficina, haciendo revisión de sus objetivos y replanteando nuevas decisiones.

TERCERO. No dejes que la mala decisión te consuma.

Tú no eres tu decisión.

A menudo cuando tomamos una decisión pobre o mala, enseguida pensamos que como autoras o autores de dicho acto este nos convierte, como personas, en el calificativo que le pondríamos a nuestro tropiezo.  

Más claramente, si pensamos que hemos tomado una decisión tonta, absurda o inútil, enseguida lo trasladamos a nuestra identidad y nos calificamos como una persona tonta, absurda o inútil. 

Te propongo que en lugar de hundirte en la miseria, decidas mirar el error como un aprendizaje, analices los hechos por lo que son, revises tus criterios de toma de decisiones e incorpores lo aprendido para mejorar.

CUARTO. Perdónate.

Cuando tomamos malas decisiones solemos convertirnos en nuestros peores enemigos.

Perdemos demasiado tiempo revolcándonos en nuestra miseria, reprochándonos y autoflagelándonos.

Recuerda que en esencia todos los seres humanos usamos el método científico para aprender, desde que nacemos, a través del ensayo y error aprendemos a caminar, a hablar, e incluso a tomar decisiones; los errores ocurren, la idea es aprender de ellos y, en la medida de lo posible, no repetirlos.

Acepta la posibilidad de que sentirás remordimiento, esa es una señal de que de alguna manera has transgredido tus estándares y valores.

Simplemente, míralo, acéptalo, déjalo salir y recuerda que, al igual que otras emociones, es una alerta para recordarte qué es lo que quieres y lo que no quieres en tu vida.

Sin embargo, si sientes que el remordimiento y la culpa te consumen, practica la gratitud para contigo y tus bondades. No me vayas a decir que no las tienes. Estoy segura de que si miras con atención encontrarás más de una. 

Incluye en tus gratitudes del día, algunas cosas para ti misma, para ti mismo, demuéstrate que “no todo lo has hecho mal”.

Es importante que aceptes la cruda realidad, nuestras decisiones están basadas en los conocimientos que tenemos al momento de tomarlas. Por eso, deja de castigarte, no permitas que el síndrome de “Y si hubiera…” “Y si no hubiera…” te atrape. 

Reconoce que hiciste lo mejor que pudiste con las herramientas que tenías, y date permiso para avanzar.

Mujer con sentimientos de autocompasión, reconociendo y aceptando sus errores.

QUINTO. Haz enmiendas.

Más a menudo de lo que quisiéramos reconocer, nuestras malas decisiones involucran y afectan a otras personas. 

Por esa razón, además de perdonarte, es fundamental que, cuando sea posible, ofrezcas una disculpa y hagas enmiendas. 

Hazlo solamente cuando consideres que traerá alivio para las dos partes, si no, es mejor que proceses las cosas independientemente.

SEXTO. Crea un proceso de toma de decisiones para el futuro.

Lo más seguro es que después de haber tomado una mala decisión sientas miedo de volver a tomar decisiones.

Para contrarrestar la ansiedad, y antes de que la oportunidad se presente, construye y ten a mano un proceso de toma de decisiones complejas (esas decisiones que pueden traer fuertes consecuencias y necesitan de un análisis significativo).
Si no sabes por dónde empezar te invito a pasarte por el artículo:¿Te cuesta tomar decisiones? Deja que te demos una mano, en cuanto termines de leer esta nota.

SÉPTIMO. Encuentra a otras personas en una situación similar.

Hablar y escuchar a personas en circunstancias parecidas puede expandir tu punto de vista. 

En situaciones extremas, en las que una decisión inadecuada te ha puesto en un lugar difícil de afrontar en soledad, es aconsejable que busques espacios de ayuda, grupos de apoyo, que de alguna forma te acompañen en el camino e incluso te ayuden a encontrar un cierre saludable que te permita avanzar.  

¿Piensas que este proceso puede hacer las cosas más livianas?

Te aseguro que así será. No dudes en ponerlo en práctica.

Espero que te animes a compartir tu experiencia al respecto.

Comenta.

Siempre es un placer leerte.

Autora:
Cristina Navarrete Landázuri (Cris Del Viento)
Coach ontológico y escritora.
Fundadora de El Refugio del Artista.

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