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La proactividad como herramienta

Hoy te propongo adentrarnos en un concepto que ha sido ampliamente utilizado en el ámbito organizacional, y que sin duda alguna puede tener una profunda influencia en nuestra vida cotidiana. “La proactividad”

En este artículo te invito a emprender el camino hacia la posibilidad de mejorar la forma en como te relacionas contigo y con el mundo que te rodea, a través de esta maravillosa herramienta vital.

Pero, ¿Qué es esto de la proactividad? ¿Qué es ser proactivo? ¿Y cómo eso me va a ayudar en mi día a día?

Bueno, aunque la palabra suena digamos… algo formal, y podrías pensar que solo es aplicable al entorno organizacional, te aseguro que tiene que ver con algunas características humanas que pueden darle un giro radical a tu vida.

proactividad

Para que puedas verlo más claramente te voy a proponer un ejercicio comparativo, (aunque no soy muy aficionada a las comparaciones).

¿Sabes cuál es la diferencia entre una persona reactiva y una persona proactiva?

A lo mejor ya tienes una idea, y estoy segura de que te has encontrado de los dos lados de la moneda en más de una ocasión. Por lo menos yo puedo decir que sí, efectivamente he tenido mis momentos reactivos y proactivos periódicamente a lo largo de mi vida.

¡Vamos al meollo del asunto!

Cuando entramos en modo reactivo es porque hemos invocado a la víctima que hay en nosotros. En este modo nos sentimos indefensos, paralizados, víctimas de las circunstancias, nos quedamos atrapados en la queja, la crítica y el resentimiento. Incluso nuestro lenguaje da fe de estos momentos.

Empieza a escucharte.

Así detectarás inmediatamente cuando estás siendo [email protected] por esta faceta reactiva.

Si te escuchas decir: “Tengo que…”, “debo hacerlo…”, “no tengo alternativa”, “No hay solución”, “yo soy así, no tengo remedio”. O cosas similares, eso significa que estás reaccionando a lo que sucede a tu alrededor desde un lugar que te cierra posibilidades y te esclaviza.

Estás renunciando a ti por completo y convirtiéndote en un producto de algo.

Estás permitiendo que el rumbo de tu vida esté determinado por la genética, por tus heridas emocionales, estados de ánimo e impulsos; por la cultura, el entorno y el trato que recibes de los demás.

Cuando nos entregamos a la reactividad de una u otra forma nuestra vida deja de pertenecernos, pues actuamos única y exclusivamente en función de los estímulos externos.

Ahora, cuando permitimos que nos habite el modo proactivo, el panorama es muy distinto. Ser proactivo NO solo significa tomar la iniciativa o tener la capacidad para anticiparse a problemas o necesidades futuras.

Esta definición algo simplista y de diccionario no alcanza a englobar la magnitud de influencia que puede tener el cultivar este hábito en nuestras vidas. Ser proactivo significa aceptar el desafío de hacerte responsable de tu vida; aceptar que esta será el producto de tus decisiones no de tus condiciones.

Al aceptar esta responsabilidad consciente asumes que tienes la capacidad de elegir las respuestas a lo que suceda a tu alrededor y que eres capaz de hacer que las cosas pasen.

Esto no quiere decir que a una persona proactiva no le afecta lo que sucede a su alrededor, quiere decir que elige conscientemente como reaccionar a pesar de las circunstancias.

Entonces, cuando pones en práctica la proactividad, estás haciendo uso de lo que Viktor Frankl, padre del análisis existencial y la logoterapia, plantea como la libertad última del ser humano: el poder de elegir la actitud personal ante cualquier circunstancia, el poder de elegir el propio camino.

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Hasta aquí, ¿Cómo vamos? Espero que disfrutando del viaje. Ahora que ya tienes una idea más clara de lo que significa la proactividad y sobre todo el ser una persona proactiva. Seguro te estás preguntando:

¿Y cómo hago para cultivar el hábito de ser proactivo?

Primero, debes saber que el ser proactivos es parte de la naturaleza humana, sin embargo a lo largo de nuestras vidas y por diferentes razones hemos elegido entregarle a las cosas, personas y circunstancias el poder de controlarnos.

Por lo tanto, como todo hábito que ha de ser instalado, deberás practicarlo en tu día a día. Para ello te propongo, en primer lugar, que hagas uso de los cuatro (4) dones humanos que hacen parte de esa libertad interior de elegir que propone Viktor Frankl.

UNO. Autoconciencia.

¿Cómo te sientes en este momento? ¿Qué estás pensando mientras lees este texto? ¿Puedes detectarlo? Seguro que sí, con más o menos claridad, sin duda puedes hacerlo. Este privilegio humano es la autoconciencia, que no es más que la capacidad que tenemos de pensar en los propios procesos de pensamiento.

Es esa posibilidad de mirarnos a nosotros mismos y ser conscientes de que somos mucho más que nuestros pensamientos, estados de ánimo, emociones o circunstancias. ¿Ves? ¡Ya la tienes!

DOS. Imaginación.

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Imagina que te encuentras en un lugar que te traiga mucha paz, donde te sientas a gusto y relajado. ¿Qué ves a tu alrededor? ¿Cuáles son tus sensaciones? ¿Qué escuchas? ¿Cómo huele?

(Si necesitas cerrar los ojos ¡hazlo!, y disfruta un momento en este lugar).

¿Lo viste? ¿Lo sentiste? ¿Te das cuenta? Eres una persona capaz de crear nuevas cosas en tu mente yendo mucho más allá de la realidad presente, y por lo tanto sin duda eres dueña de la imaginación.

Utilízala para crear algo nuevo, un nuevo sentido, una nueva visión de futuro alentadora y edificante para tu vida.

TRES. Conciencia moral

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Establecer lo que es conciencia moral puede ser un poco más complejo.

Sí, efectivamente tiene que ver con tu capacidad de distinguir entre el bien y el mal, lo correcto e incorrecto.

Sin embargo, para que esto sea así todos nuestros pensamientos y acciones deben estar alineadas con nuestros valores, que a su vez deben estar alineados con principios universales que permitan no solo el respeto por nosotros mismos sino por el otro.

Ahora, para poner la teoría en la práctica, te diría que, como plantea Stephen Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”: cumplas tus promesas, tanto las que te has hecho a ti mismo como las que haces a otros; y trates a las personas que te rodean con respeto, generosidad y consideración, sin dejar de lado tus convicciones y el respeto por ti mismo.

CUATRO. Voluntad Independiente

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Este don está basado en nuestra capacidad de actuar desde esos privilegios humanos que acabamos de abordar libres de cualquier influencia del entorno.

Es poner en práctica nuestra propia voluntad, independencia y autonomía. Sí, hasta aquí todo muy interesante pero…

¿Cómo hago para afrontar un entorno impredecible, agreste y volátil? ¿Cómo me hago cargo de todo lo que me preocupa?

¡Te tengo buenas noticias!

No tienes que hacerte cargo de todo lo que te preocupa, solo de aquello que está en tu círculo de influencia.

Te lo pongo de esta manera, en nuestro día a día siempre existen cosas de las que no tenemos control en absoluto, como puede ser el clima, la economía mundial, la actitud de otras personas, las decisiones de otros que afectan a nuestras vidas, la política.

Sin embargo, sí tenemos control de nuestra actitud frente a lo que nos ocurre, de las habilidades que decidimos cultivar para mejorar en algún ámbito de nuestra vida, de adquirir nuevos hábitos o dejar hábitos que nos dañan. Entonces, para ser proactivo es indispensable que te enfoques en aquellas cosas sobre las que sí tienes control.

¿Qué tal si empiezas a ponerle atención a tu lenguaje?

Te invito a que, apalancándote en esa capacidad de autoconciencia, detectes cada vez que tengas la intención de decir frases reactivas y cámbialas por nuevas con un tinte más proactivo.

Por ejemplo podrías utilizar: “Yo elijo”, “yo prefiero”, “sí”, “no”, “lo haré”, “voy a encontrar nuevas alternativas”, “soy capaz de gestionar mis emociones”.

Y acompaña tus palabras también con una intención personal: “Aunque mi hijo o hija se comporte de esta u otra manera yo seré más paciente”. “A pesar de que no tengo una casa propia, voy a disfrutar y cuidar el espacio que tengo”. “Incluso si estoy pasando por un momento muy difícil en mi vida, voy a concentrarme en agradecer aquello que sí tengo.”

De esta manera, la energía positiva que vas dejando entrar en tu vida te permitirá ir ampliando también tu círculo de influencia y pronto podrás actuar sobre cosas que jamás pensaste podías decidir.

Te invito a asumir el compromiso personal de incorporar la proactividad en casa, en el trabajo, en tu círculo social.

“Sé una luz, no un juez. Sé un modelo, no un crítico. Forma parte de la solución, no parte del problema.” (Stephen Covey)

Cuéntame tu experiencia al implementar este hábito. Me encantará leerte.

Autora:
Cristina Navarrete Landázuri(Cris Del Viento)
Coach ontológico y escritora.
Redactora en Axon Training.

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