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Zona de confort: ¿Es tan mala como la pintan?

En este artículo encontrarás una nutrida reflexión sobre esta distinción, sus pros y contras; y algunas recomendaciones para expandir tu zona de confort.

¿Qué hay de malo en quedarse en la zona de confort?

Esta es una pregunta que me he hecho más de una vez.

La verdad es que, cuando nos sumergimos en el mundo del desarrollo personal y el autocuidado, escuchamos más de una vez, que para lograr algún avance significativo en nuestras vidas debemos “salir de nuestra zona de confort”.

Existe tanta presión alrededor de la idea de salir de ella que parecería que la zona de confort es, sin excepciones, un lugar oscuro de mediocridad y estancamiento.

La realidad es que, una gran cantidad de profesionales de la salud mental se han visto atraídos por esta controversia y se han dado a la tarea de investigar sobre los pros y contras de este tan controversial lugar: la zona de confort.

Salir de la zona de confort

Pero, ¿qué es la zona de confort?

Aunque hay muchas acepciones alrededor del tema, se podría decir a breves rasgos que, es nuestro refugio seguro, una construcción psicológica, emocional e incluso comportamental que implica la rutina de nuestro día a día.

Estar en tu zona de confort implica para ti familiaridad, seguridad y protección.

Este espacio imaginario, por decirlo de alguna manera, describe los patrones de nuestra existencia, nos mantiene relativamente cómodas/os, nos provee de tranquilidad y nos ayuda a mantenernos emocionalmente equilibrados, libres de ansiedad y preocupación, en alguna medida.

Crear una zona de confort es una forma saludable de adaptación para gran parte de nuestras vidas.

Rhonda Britten, escritora y fundadora del Fearless Living Institute, propone que no es necesario salir de la zona de confort, sino más bien hacerla más grande, incluir nuevas cosas dentro de ella y abrazar nuevas competencias hasta que se vuelvan cómodas.

Nuestra zona de confort es el lugar al que acudimos para recargarnos en un mundo en constante cambio. Es ese espacio en donde encuentras descanso, recuperas la energía y no tienes que resolver nada.

Por lo general, tenemos tan interiorizada la idea de que debemos escapar de ella, que incluso sentimos incorrecto necesitar una. La negamos y rechazamos; y con ello más estrés y angustia nos causamos.

Y ¿cuáles son los beneficios de quedarme en mi zona de confort?

Permanecer en la zona de confort te permitirá principalmente:

1. Aprovechar la experiencia.

Dentro de esta zona cómoda es posible para ti participar de actividades que te son familiares. Podrás realizar tareas que has completado repetidamente, y probablemente con un historial de éxito.

Podrás aprovechar la experiencia que has adquirido en actuaciones anteriores, en áreas que sin duda conoces bien.

2. Fortalecer la autoconfianza.

Mientras que las nuevas experiencias pueden provocar inseguridad y temor, mantenerte en tu zona de confort te inspirará confianza y limitará la ansiedad.

Cuando has tenido éxito en el pasado en una tarea, esto fomenta una sana seguridad en ti misma/o a la hora de enfrentar proyectos similares en el futuro.

mujer desarrollando su autoconfianza

3. Minimizar el riesgo.

Cuando abordas tareas que son conocidas, eres consciente de los riesgos, desafíos o dificultades con los que te puedes encontrar, por lo tanto, tiendes a sentir que son menos arriesgadas e impredecibles que las desconocidas, y puedes abordarlas con mayor solvencia.

4. Recargar energía.

Cuando vas más allá de los límites que mantienes habitualmente es probable que sientas altos niveles de cansancio o estrés. Es en este momento en que regresar a tu zona cómoda te ayudará a recuperar tu equilibrio emocional, revitalizarte y retomar fuerza para volver a enfrentar situaciones inciertas que te provoquen ansiedad.

5. Reducir el gasto de energía.

Cuando una actividad te resulta habitual, es previsible que la ejecutes de manera fácil y rápida, sin demasiado esfuerzo o planificación.

Las tareas rutinarias te ayudan a liberar tiempo y energía mental para abordar los proyectos desafiantes.

Entonces, ¿para qué abandonar mi zona de confort?

Bueno, la realidad es que, aunque tener una zona de confort es de mucha ayuda para transitar en un mundo tan impredecible como el que vivimos, si le colocamos límites muy rígidos, esto impedirá que emprendamos procesos de transición, crecimiento y transformación.

De hecho, en muchos de los casos, nos mantendrá en un lugar seguro, pero no muy satisfactorio.

Por eso, a continuación te comparto 7 posibles consecuencias de no salir de tu zona de confort:

1. Te detienes.

Si te quedas demasiado tiempo en un solo punto puedes volverte conformista, esto nada tiene que ver con la aceptación, más bien es una forma de resignarte ante cualquier situación y dejar que las cosas pasen sin hacer el mínimo esfuerzo por transformarlas, sin importar cuan dañinas y debilitantes sean.

Si, de vez en cuando, no incluyes actividades que supongan nuevos aprendizajes o desafíos, pierdes la oportunidad de crecer e ir hacia adelante.

permanecer en tu zona de confort te detiene

2. Dejas de aprender.

Aunque resulta placentero permanecer en nuestra zona cómoda, en donde nuestras habilidades son fuertes y conocidas, al actuar desde esta posición dejamos de lado la posibilidad de desarrollar nuevas habilidades e incluso de fortalecer aquellas características que consideramos son nuestras “debilidades”.

Si dedicamos al menos un momento de nuestro día o semana para incorporar nuevas capacidades, empezaremos a expandir nuestra zona cómoda hacia nuevas fronteras.

3. Tu salud se resiente.

Cuando mejorar nuestra calidad de vida implica salir de nuestra zona de confort y asumir nuevos hábitos de alimentación y autocuidado, solemos sentirlo como un reto imposible, especialmente si nuestra situación actual nos obliga a convivir con una condición de salud crónica o muy debilitante.

La vergüenza de ir al gimnasio y dejarnos ver con sobrepeso, o la angustia de dejar de comer las pocas cosas que disfrutas, resulta en un camino cuesta arriba cuando de recuperar la salud física se trata.

Y ni hablar de la salud mental, existen tantos tabúes detrás de las condiciones mentales o emocionales, que esconderlas debajo de la alfombra resulta mucho más cómodo que salir allá afuera y pedir ayuda. Y eso, sin tomar en cuenta cuánto puede costarte tomar las riendas de tu vida cuando existen emociones pesadas que te dominan.

La cuestión es que cualquiera que sea tu caso, con respecto a condiciones de salud, avanzar un paso por más pequeño que sea, día a día, te irá colocando en otro lugar para mirar con más claridad e ir tomando mayores riesgos.

Empieza por caminar diez pasos desde tu cama, o práctica respiración consciente por 2 minutos; sin importar lo que hagas ya estarás avanzando hacia un lugar diferente y haciendo crecer esa zona cómoda.

4. Pierdes la pasión.

A veces, cuando permitimos que nuestro día a día se convierta en una rutina interminable de cosas que ya sabemos como hacer y en los horarios que se deben hacer, perdemos de vista nuestra necesidad intrínseca de novedad, variedad y asombro.

De pronto, te encuentras sentada/o frente a tu ordenador como todos los días, haciendo lo que debes hacer todos los días como un autómata; y cuando por fin te das un respiro, te das cuenta de que has perdido la pasión por la vida, que no sabes qué es eso que te hace vibrar y que sientes frustración y desgano.

Salir de vez en cuando de aquello que te resulta tan familiar y buscar nuevos intereses o refrescar los que ya tienes con actualizaciones y nuevas miradas puede brindarte una recarga de energía y revitalizar tus sueños, pasiones y expectativas.

hombre desganado e indiferente

5. No estás preparado para los cambios.

La inflexibilidad, como resultado de permanecer inmóvil en tu espacio de comodidad, puede volverse un obstáculo a la hora de decidir emprender nuevos proyectos.

Actualmente, esta forma de hacer y pensar puede resultar peligrosa, pues de un momento a otro la tecnología ha avanzado de manera exponencial y las circunstancias del entorno han cambiado tanto que nos invitan a transformar radicalmente nuestra forma de operar en el mundo.

Por ello, no importa si pones un dedito del pie fuera de tu zona de confort, ¡empieza a hacerlo ahora!, el estancamiento hoy puede significar la total desconexión con el mundo que te rodea, el fracaso de tu empresa y la frustración de tus objetivos de vida.

6. Pierdes oportunidades.

“El que no arriesga no gana” dice el dicho.

Aunque esta frase puede resultar muy trillada, es importante que apuestes a emprender nuevos proyectos, incorporar conceptos innovadores y escuchar nuevas visiones del mundo que te rodea.

Cuando mantenemos la mente abierta a percibir lo que está pasando afuera, con ojos de aprendiz y apertura de consciencia, podemos encontrar oportunidades que sentados en nuestra burbuja jamás habríamos podido aprovechar.

Arriésgate un poco más, escucha lo que otras personas tienen que decir, estudia, investiga y valida nuevas y mejores opciones para tu vida.

7. Pierdes la ocasión de ampliar tu zona de confort.

Si ninguna de las consecuencias anteriores te parecen suficiente razón para desafiar, aunque sea mínimamente tus límites, espero que esta te logre convencer.

Si decides permanecer en una zona de confort que creaste para ti en un momento remoto de tu vida, para enfrentar situaciones específicas, que al día de hoy, no son muy válidas, estás limitando por completo tu potencial, renunciando a cumplir tus objetivos y menoscabando a tu confianza personal.

Necesitas ampliar tu zona de confort para florecer y lograr tu visión de futuro. Cuando te arriesgas (aunque sea un poco), aceptas la incomodidad e incertidumbre que lo nuevo puede causar y tienes éxito, no solo mejoras tu conjunto de habilidades, sino que aumentas tu confianza.

Cuanto más intentas realizar actividades desafiantes, más normales se vuelven esas tareas, ampliando ese espacio de comodidad a dimensiones cada vez mayores.

mujer lista para los desafíos

En conclusión…

Para aprovechar al máximo el potencial de contar con una zona de confort, debes aprender a equilibrar el tiempo que pasas dentro y fuera de ella.

Para tu transformación personal, es necesario que te arriesgues y soportes cierta incomodidad, sin embargo, también es importante que pases tiempo sanando y reflexionando en el entorno nutritivo de tu zona de confort.

Ser consciente de los límites de tu zona de confort es un gran primer paso, y a medida que pasa el tiempo, puedes ampliar ese espacio para abarcar más habilidades, iniciativas y experiencias.

Gracias por leerme.

¿Cuál será tu primer paso para ampliar esa zona de confort?

Comparte tu experiencia en los comentarios.

Siempre es un gusto leerte.

Autora:
Cristina Navarrete Landázuri (Cris Del Viento)
Coach ontológico y escritora.
Fundadora de El Refugio del Artista.
Redactora en Axon Training.

Federico Caiafa

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